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dijous, 3 de novembre de 2016

Happy birthday, Mr. Berger!




http://www.laie.es/busqueda/listaLibros.php?tipoArticulo=L0&codEditorial=&patronEditorial=&autor=john+berger&titulo=&keywords=&anoPublicacion=&editorial=&codMateria=&isbn=&codIdioma= 
El sábado 5 de noviembre, el escritor inglés John Berger cumple 90 años y hemos pensado celebrarlo en la librería con un aparador dedicado a sus obras. 



A la larga pila de libros con los que hemos disfrutado todos estos años, novelas y ensayos sobre la pasión artística, los campesinos europeos, el dibujo o la resistencia al Capital feroz, se añadirán en breve Landscapes en Verso Books, o en Viena Edicions Sobre el dibuix.

Se acaba de estrenar también el documental The seasons in Quincy, donde se le puede ver en su mítica casa en el campo francés:



Recientemente, además, hemos recibido un librito delicioso titulado Confabulations. Desde la portada saludan unos entrañables champiñones dibujados a mano por Berger, junto a la leyenda "See you later, Omelette..." (“Hasta luego, Tortilla”).



El último ensayo de ese librito empieza comentando la venta de Les femmes d'Alger de Picasso por 180 millones de dólares y termina así (traducción improvisada):



Recordemos que el tiempo, como Einstein y otros físicos nos explicaron, no es lineal sino circular. Nuestras vidas no son puntos en una línea —una linea que está siendo amputada por la Codicia instantánea del orden capitalista global sin precedentes. No somos puntos en una línea; más bien, somos los centros de círculos.



Los círculos nos rodean con testamentos que nos fueron legados por nuestros predecesores desde la Edad de Piedra, y con textos no dirigidos a nosotros pero de los que podemos ser testigos. Textos de la naturaleza, del universo, que nos recuerdan que la simetría coexiste con el caos, que el ingenio supera a la fatalidad, que lo deseado es más tranquilizador que lo prometido.



Entonces, sostenidos por lo que heredamos del pasado y aquello de lo que fuimos testigos, tendremos el coraje de resistir y continuar resistiendo en circunstancias incluso inimaginables. Aprenderemos a esperar en solidaridad.


De la misma manera que continuaremos indefinidamente elogiando y maldiciendo en todas las lenguas que conocemos.

Feliz cumpleaños, Mr. Berger. ¡Por muchos años¡

José, de Laie Pau Claris

dilluns, 10 d’octubre de 2016

Elogio de un crítico: James Wood



Fotografía de James Wood por David Levenson

Taurus acaba de publicar dos libros del  ya célebre crítico James Wood: Los mecanismos de la ficción, que ya se editó hace unos años en Gredos-RBA, y Lo más parecido a la vida, que salió en inglés en 2015. Este joven crítico, nacido en 1965, es uno de los mejores orientadores en la selva procelosa de la literatura contemporánea. Lo vengo siguiendo desde mediados de los noventa, justo en el momento en que se trasladó desde su Inglaterra natal a los Estados Unidos. Se incorporó a la revista New Yorker en 2007 como crítico literario principal, instalándose en Boston junto a su mujer, la novelista Claire Messud, y sus hijos.

http://www.laie.es/busqueda/listaLibros.php?tipoArticulo=L0&codEditorial=40&patronEditorial=taurus&autor=james+wood&titulo=&keywords=&anoPublicacion=&editorial=taurus&listaEdiPatron=40&codMateria=&isbn=&codIdioma=

Hacia el año 2000, tuvo un momento álgido porque acuñó el término, para calificar la obra de varios escritores jóvenes (Zadie Smith, David Foster Wallace, Jonathan Franzen…), de "realismo histérico". El fondo de la acusación consistía en que, en la era geológica de Google, la literatura no debería estar tan saturada de información y tendría que buscar decir algo interesante sobre los tiempos que corren, por encima o por debajo de ese flujo informativo de 24 horas que arrastra como un río de lava todo tipo de material y que volvería redundante mucha masa narrativa.

Con una frase de Henry James, del cuento «Lo que Maisie sabía», Wood sintetiza lo que busca: "el firme terreno de la ficción, a través del cual serpentea el río azul de la verdad".
 

En el primer libro invita a grandes maestros para mostrar las ventanas y las puertas de la narración: sus favoritos como Dickens, Chejov, Bellow, Flaubert como gran iniciador, Henry James (que llamaba a Flaubert "benedictino de lo real", por su paciente cosecha de detalles con los que “promueve que la literatura nos haga fijarnos más en la vida, y al estar más vivos nos hacemos mejores lectores"). Wood comenta que casi siempre que uno lee anotaciones propias en los libros de juventud le parecen vulgares, "ya que no se había leído suficiente literatura para que ésta le haya enseñado como leerla".

Menciona el ensayo de Orwell «Un ahorcamiento»: un condenado camina hacia la horca y se desvía para evitar un charco: El misterio de la vida a punto de ser arrebatada, porque aunque no haya razón alguna para ello, el hombre condenado aún piensa en mantener sus zapatos limpios. Gurov come sandía después de hacer el amor en «La dama del perrito» de Chejov. En La marcha Radetzky de Roth, el viejo capitán visita a su sirviente y éste intenta entrechocar los talones desnudos bajo la sabana. Cita al señor Omer de David Copperfield: "Las modas son como los seres humanos: vienen, nadie sabe cuándo, porqué o cómo y luego se van, nadie sabe cuándo, porqué o cómo. Todo es como la vida, en mi opinión, si se mira desde ese punto de vista". También cita un libro reciente que le encanta, Gilead de Mary Robinson: "Una luz anunciada con grandiosidad, proclamada por todos los cielos, uno más del número finito de días que esa vieja pradera se ha llamado Kansas o Iowa". En la página 210 reivindica lo que le gusta de la literatura: la Vividad, la vida traída al papel por el arte.

El nuevo libro nos lleva de nuevo al meollo de la literatura. En su segundo capítulo, titulado «Mirar en serio y caer en la cuenta», nos recuerda «El beso» de Chejov, ese prodigio, y a Riabovich, al que han besado por primera vez por error, y que se sorprende ya que si bien ha pensado sobre ese beso todo un fin de semana, al contarlo tarda un minuto, como soñadores cómicos que somos. Pasan John Berger, Tolstoi, Sartre, Knausgård, todos mirando algo sencillo como un árbol, hasta llegar a las declaraciones de página 78: "La lenta muerte que negociamos con el mundo al dejar que nuestra atención se duerma" o en 79: "La literatura opone resistencia a la arrogancia del tiempo que nos convierte en insomnes vagando por los pasillos de la costumbre, propone rescatar la vida de las cosas, sustraerlas a la muerte". En el capítulo final, recuerda haber asistido con su padre a una conferencia del músico Alfred Brendel y contemplar atónito como cada vez que Brendel toca alguna pieza para ilustrar un comentario, lo toca poniendo toda la intensidad y delicadeza en el empeño.

Es un crítico muy generoso, capaz tanto de elogiar a escritores experimentados como Joy Williams o Elena Ferrante, como también de saludar la obra de jóvenes escritores talentosos, como cuando en 2011 reseñó la obra de Teju Cole, Ben Lerner, o John Jeremiah Sullivan (cuyo Pulphead salió traducido en Mondadori con noo demasiada repercusión, pese a ser una maravilla de libro; es igual: volveremos a hablar de él en el futuro), o en 2014 saludó Departamento de especulaciones de Offill o el debut de Zia Haider Rahman, A la luz de lo que sabemos (que espera aún su traducción al catalán o castellano).

A principios de agosto del 2012 leí su opinión entusiasta sobre Knausgård (que Anagrama publicó en septiembre), y sintetizó: "Me interesa incluso cuando es aburrido". Escribió elogios de St. Aubyn, Geoff Dyer (inglés como él y recientemente exiliado en Los Angeles, donde podemos esperar nuevos horizontes para su humor tan seductor), Lydia Davis, Denis Johnson, Richard Price, Dovlatov, Yehuda Amichai, Primo Levi, para hacerse una idea de la amplitud de sus intereses como lector. Y para acabar esta breve nota,  dos libros recién llegados a la librería que él ha recomendado: Las sillitas rojas de Edna O' Brien, de Errata Naturae y El camino de Madigan, de Anne Enright, en Siruela.

José, de Laie Pau Claris

dimecres, 27 de juliol de 2016

Nuevo elogio de la lentitud


Ahora que ya estamos en pleno verano, hablaremos de un libro que recientemente ha tenido éxito entre los lectores y que responde a la curiosa categoría de "libros de autores desconocidos cuyo título o tema es atractivo". El tema es la lentitud, central en numerosos éxitos editoriales como la novela de Nadolny El descubrimiento de la lentitud (1983), la de Kundera La lentitud (1995) o los ensayos de Carl Honoré Elogio de la lentitud (2004) y de Pierre Sansot Del buen uso de la lentitud (1998), además del estupendo Pensar rápido, pensar despacio, de Daniel Kahneman (Debate, 2012). También las personas que empiecen a disfrutar de las vacaciones encontrarán que ese cambio de ritmo, ese diferencial de velocidad, es propio de los placeres vacacionales.

Honoré cita la novela de Kundera: "Cuando las cosas suceden con tal rapidez, nadie puede estar seguro de nada, de nada en absoluto, ni siquiera de sí mismo".

http://www.laie.es/libro/alabanza-de-la-lentitud/1107559/978-84-9104-218-1El autor del libro al que aludimos, Alabanza de lalentitud (Alianza, 2016), es un venerable neurocientífico de 80 años llamado Lamberto Maffei, especializado en la visión, que justo acaba de publicar en Italia un Elogio de la rebelión (Il Mulino, 2016) que completa al que nos ocupa. 

El autor no es conocido en nuestro país, es el primer libro que se publica de él y su nombre no tiene el tirón como para que se vendieran más de cuarenta ejemplares, una cifra nada desdeñable. Se podía haber llamado —escojo un nombre que me ha llamado la atención en el catálogo de Suhrkamp esta mañana— Kikuko Kashiwagi-Wetzel: da lo mismo; lo cierto es que el tema de la lentitud o la rapidez importa a la gente, y es porque suele ser uno de los lugares de las heridas del tiempo. 

Que el nombre es indiferente, graciosamente lo atestigua el propio autor que comienza su libro, al estilo Melville en Moby-Dick: "Llamadme como gustéis, carece de importancia, pero yo, como Ismael". Explica Maffei que entró en un museo en Florencia y vio un emblema, una tortuga con una vela (reproducida en el libro, preciosa), y eso le lleva a pensar en Festina Lente (Apresúrate despacio), el lema de Augusto que refiere Suetonio. Luego siguen citas de clásicos relativas al tema de la lentitud, comentadas y aderezadas con notas y anécdotas de su vivencia como científico. Destacaría la de Leopardi en la página 69: "La paciencia es la más heroica de las virtudes precisamente porque no tiene la menor apariencia de heroicidad" (Zibaldone), o  la cita final de Dante: "Cuando cesó en sus pies esa premura que a la humana conducta así desdeña, mi mente se sintió ya más segura y al punto, casi soñadora".

Ya Alianza publicó hace unos años Por qué el tiempo vuela cuando nos hacemos mayores (2006), un estupendo libro del psicólogo holandés Douwe Draaisma, donde daba una clave: no se trata sólo de la modificación temporal del marco cerebral, sino, además, de la percepción generacional de la técnica.  Los jóvenes montados en la estela plateada de la tecnología y los mayores/ancianos a rebufo. Entre la tragicomedia de "todo tiempo pasado fue mejor" y los excesos de atención a la tecnología nueva, se ha establecido una relación que, como la mayoría de ellas, puede cifrarse con is complicated.

Hace poco, Sergi Pàmies decía que seguramente una futura asignatura en las escuelas sería Dinámicas de la Atención, tan obnubilante es el poder y el volumen de los trending topics.

Pierre Sansot cita a Simone Weil en la página 91 de Del buen uso de la lentitud: "A muy pocos espíritus les es dado descubrir que las cosas y los seres existen y probablemente debamos felicitarnos por ello. El descubrimiento de una existencia diferente a la nuestra produce un vértigo del que es difícil recuperarse". Entonces entra Internet, que básicamente está todo el día hablando de Externet, y ya tenemos millones de ventanas a millones de mundos fascinantes o a payasos, da igual... como decía aquel locutor de radio comentando una canción de Whitney Houston: "sentimientos en cantidades industriales"...

Sobre este tema inagotable no falta quien aporte reflexiones. En la introducción a Celo de Dios (Siruela, 2011), Peter Sloterdijk habla del estudio sobre la dinámica basada en el estrés de las culturas de Heiner Mühlmann y cita: "¿Cómo surge la trascendencia? Por desconocimiento de lo lento. Lento es un movimiento que dura más de una generación. Para observarlo hemos de recurrir a la colaboración de los seres humanos que han vivido antes que nosotros y de seres humanos que vivirán después" y Sloterdijk comenta que esa colaboración siempre ha sido precaria o estructuralmente imposible, y así fue como en el pasado una gran parte de lo lento fue evacuado a la trascendencia, es decir, a la inobservabilidad (a lo invisible, vamos). 

Uno de los escritores que escenifica mejor ese diferencial intergeneracional es Pierre Bergounioux. Siempre se refiere a que su abuelo y su padre murieron demasiado pronto, y que quizá pudieron haberle revelado cosas que no le revelaron, y entonces todo se atrasó, o se urdió de otra manera muy diferente. En España se publicó su libro sobre el avión B-17 G (Alfabia, 2011), con postfacio de Pierre Michon, ya que el avión es una de las cifras de la velocidad y de la jibarización del mundo.

Uno de los grandes momentos literarios de las tecnologías de la rapidez y del cambio es la Recherche proustiana, que da escenas sublimes como el narrador escuchando a su abuela por teléfono por primera vez o, en Sodoma y Gomorra, cuando Marcel va a caballo hacia Rivebelle y de repente, le llega un estruendo y en el aire contempla, magnífico, un avión, el primero que ve, que le hace emocionarse hasta las lágrimas, "como un Griego viendo por primera vez a un semidios", y ve delante del piloto, "abiertos todos los caminos del espacio, de la vida". Nathan Heller, comentando estas líneas en febrero en el New Yorker a propósito de la reseña del libro de Christopher Schaberg The End of Airports, añade: "El genio de Proust fue reconocer el shock intelectual de la aviación, no sólo tecnológico: captura el verdadero atolladero de la mortalidad, no ya el conocimiento de que el mundo continuará sin nosotros, sino darse cuenta que la mente humana —sus búsquedas y sus fronteras— también vuela".

Esperemos que Vueling no dé más problemas a la mente humana para seguir volando, pero no olvidemos que el libro sigue siendo una de las mejores alfombras voladoras de la imaginación que existen.     

José, de Laie Pau Claris

dimecres, 18 de maig de 2016

Nuevo libro de Roberto Calasso: Il cacciatore celeste



Cuando empecé a trabajar de librero en Laie, a mediados de la última década del siglo pasado —aún sin Internet, ni SMS, ni Whatsapp, ¿te imaginas?—, una de las muchas preguntas enigmáticas que se repetían por parte de muchos clientes, normalmente jóvenes pero también mayores, era: "¿Tienes algo de Jacobsen?” Y yo, preguntaba: “¿Jacobsen, qué más?” Y la respuesta, invariable, era: "Jacobsen". No había nada. El escritor danés había muerto en 1885 y cien años después, no había ningún libro en circulación, simplemente (¡simplemente!) una alusión en un libro muy leído por los jóvenes, las Cartas a un joven poeta de Rainer M. Rilke: en la segunda carta al joven poeta Kappus (en abril de 1903), le dice (en la traducción de Jesús Munárriz, Hiperión 2004):



De todos mis libros, sólo unos pocos me son imprescindibles, y realmente sólo dos están siempre entre mis cosas, donde quiera que yo esté. También están aquí junto a mí: la Biblia, y los libros del gran escritor danés Jens Peter Jacobsen. (..) Consiga usted el tomito de Seis narraciones y su novela Niels Lyhne. (...) Le invadirá a usted un mundo, la felicidad, la riqueza, la inconcebible grandeza de un mundo. Viva usted durante una temporada en esos libros, aprenda de ellos lo que le parezca digno de ser aprendido, pero ante todo ámelos. Ese amor le será recompensado miles y miles de veces y, sea cual sea el rumbo de su vida, cruzará siempre, de ello estoy seguro, la urdimbre de su existencia como uno de los más importantes hilos entre todos los otros hilos de sus experiencias, desengaños y alegrías"




No está mal como texto de contracubierta, ¿verdad?



Recuerdo hacer encargos de los libros en francés de Jacobsen, que la editorial Ombres de Toulouse hizo aparecer en los noventa, entre ellos Morgens, Marie Grubbe y Niels Lyhne. Sólo en 2003, la editorial Acantilado publicaría Niels Lyhne, pero ahí acabó la aventura editorial de Jacobsen en español, de momento.



Ya me han dejado de preguntar por él. Ningún editor, ni siquiera Nórdica, ha traducido los relatos. Y he pensado en el poema famoso de Shelley, Ozymandias (recientemente reintegrado en la cultura popular a través de uno de los últimos episodios de la serie Breaking Bad, con ese título, y donde se menciona el poema explícitamente). La traducción que da la Wikipedia dice así:



Conocí a un viajero de una tierra antigua

que dijo: «dos enormes piernas pétreas, sin su tronco

se yerguen en el desierto. A su lado, en la arena,

semihundido, yace un rostro hecho pedazos, cuyo ceño

y mueca en la boca, y desdén de frío dominio,

cuentan que su escultor comprendió bien esas pasiones

las cuales aún sobreviven, grabadas en estos inertes objetos,

a las manos que las tallaron y al corazón que las alimentó.

Y en el pedestal se leen estas palabras:

"Mi nombre es Ozymandias, rey de reyes:

¡Contemplad mis obras, poderosos, y desesperad!"

Nada queda a su lado. Alrededor de la decadencia

de estas colosales ruinas, infinitas y desnudas

se extienden, a lo lejos, las solitarias y llanas arenas.»




Y un montón de nombres de escritores del pasado, poderosos o no, van quedando en mero nombre, y quién sabe de los miles de escritores actuales cuáles se seguirán leyendo de aquí a unas décadas. Poco importa, si los libros van llegando regularmente a sus lectores, y la intensidad literaria, en dosis pequeñas o en sobredosis no letales, sigue su estela milenaria.




Y nos acercamos al meollo del asunto, el nuevo libro de uno de mis escritores favoritos, el italiano Roberto Calasso, que justamente acaba de ganar el premio Formentor 2016 y es autor de una obra que, ya sea de los mundos antiguos hindú y griego o bien de los momentos intensos de la modernidad, como Tiepolo, Baudelaire o Kafka, consigue extraer pura magia literaria y perfectamente yo le aplicaría las palabras de Rilke sobre Jacobsen, de quien por cierto nunca he leído una sola palabra...



http://www.laie.es/libro/il-cacciatore-celeste/1114282/978-88-459-3078-2 
Pues bien, el 19 de mayo Adelphi publica Il cacciatore celeste, (flamante número 650 de su colección mítica Biblioteca Adelphi), coincidiendo con la feria del libro italiano, que se celebra en Torino cada año por mayo. 






El octavo volumen de esa obra enorme que desde La Ruina de Kash y la magnífica Las bodas de Cadmo y Armonía, allá por los ochenta, viene publicando el autor y editor. Hace ya 6 años que se publicó la última de la serie, L'ardore, en 2010, y que aún sigue inédita en castellano, (Anagrama anuncia que aparecerá su traducción en septiembre), un libro maravilloso, una segunda parte del libro Ka, que ya se ocupaba como éste del mundo hindú, sus desconocidos dioses y sus sacrificios. El nuevo libro añade otras quinientas páginas sobre historias de dioses, animales y hombres, del Paleolítico a la máquina de Turing, como dice la cubierta, un montón de aventuras sobre las relaciones de esos tres polos, que convergen en un único lugar: la mente. Hubo un momento que encadenó 3 libros de la serie cada dos años, y así vimos aparecer Il Rosa Tiepolo en 2006 y La Folie Baudelaire en 2008, antes de L'ardore en 2010.



Como buen estratega de cuidar su nombre, en muchos de los títulos de los libros de esa "obra en curso" incorporaba la silaba CA, la primera de su apellido, y así tenemos Kash, Cadmo, Ka, y K. (el libro sobre Kafka), en 1983, 1988, 1996 y 2002 respectivamente (todos traducidos en Anagrama). Luego lo dejó, como si se cansase de su propia broma, pero con el octavo libro Il CAcciatore celeste vuelve a la senda. Como el Último Reino de Pascal Quignard, que va por el capítulo 9, verdaderas series emocionantes, llenas de poesía y conocimiento, de osadía y decoro a partes iguales, de humor y desprecio a lo más vil del presente.

José, de Laie Pau Claris